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Fecha de recepción: 03/07/2025 Fecha de aceptación: 01/08/2025 Publicación:30-12-2025
Niveles de dependencia al teléfono celular en la población argentina
Smartphone dependency levels in the Argentine population
Marcelo R. Ceberio
marcelorceberio@gmail.com
Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Ciencias Sociales (LINCS)
Universidad de Flores. Escuela Sistémica Argentina
Romina Daverio
rominadaverio@yahoo.com.ar
Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Ciencias Sociales (LINCS)
Universidad de Flores. Escuela Sistémica Argentina
Carolina Calligaro
carolinacalligaro@gmail.com
Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Ciencias Sociales (LINCS)
Universidad de Flores. Escuela Sistémica Argentina
Angel M. Elgier
amelgier@gmail.com
Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Ciencias Sociales (LINCS)
Universidad de Flores. Escuela Sistémica Argentina
Gabriela Benedicto
gabyweb13@hotmal.com
Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Ciencias Sociales (LINCS)
Universidad de Flores. Escuela Sistémica Argentina
Gilda Jones:
gildamarieljones@gmail.com
Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Ciencias Sociales (LINCS)
Universidad de Flores. Escuela Sistémica Argentina
Niveles de dependencia al teléfono celular en la población Argentina
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Doi: https://doi.org/10.32654/DialogosAbiertos.4-2.1
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Resumen
La pandemia de COVID-19 intensificó el uso de la tecnología digital, especialmente del teléfono
celular, consolidándolo como una herramienta clave para la vida cotidiana. Este estudio se propuso
explorar los niveles de dependencia al celular en población argentina, con especial atención a las
variables edad y género. Se aplicó un diseño cuantitativo, no experimental y transversal, mediante
un cuestionario autoadministrado completado por 458 personas de entre 18 y 70 años. Se utilizó
la Smartphone Addiction Scale (SAS) como instrumento de medición. Los resultados mostraron
que un 14,2% de los participantes evidenció un alto nivel de adicción, mientras que un 2,6%
presentó niveles muy altos. No se hallaron diferencias significativas entre varones y mujeres, pero
una correlación negativa entre edad y nivel de adicción: a menor edad, mayor dependencia. El
grupo menor de 25 años obtuvo el puntaje medio más elevado. Se discuten estos hallazgos a la luz
de la literatura previa, destacando la necesidad de intervenciones preventivas en jóvenes.
Asimismo, se enfatiza la importancia de una mirada crítica sobre el uso cotidiano del celular y su
impacto en la salud mental, las relaciones interpersonales y la calidad de vida, especialmente en
contextos de creciente integración tecnológica.
Palabras clave: Adicción al celular - Dependencia tecnológica - Salud mental Jóvenes -
Nomofobia
Abstract
The COVID-19 pandemic significantly intensified digital technology use, particularly
smartphones, establishing them as central tools in everyday life. This study aimed to explore
smartphone dependency levels in an Argentine population, focusing on age and gender variables.
A quantitative, non-experimental, cross-sectional design was used, with 458 participants aged 18
to 70 completing a self-administered questionnaire. The Smartphone Addiction Scale (SAS) was
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employed to assess dependency. Results showed that 14.2% of respondents scored high on
addiction, and 2.6% reached very high levels. No significant gender differences were found;
however, a negative correlation between age and smartphone addiction emergeddependency
decreased with age. The youngest group (under 25) had the highest average scores. Findings are
discussed in light of previous literature, highlighting the increased vulnerability of young
individuals to problematic smartphone use. The discussion emphasizes the need for preventive
strategies targeting youth, as well as broader educational initiatives to foster healthy digital habits.
The study concludes by raising concerns about the psychological and social effects of excessive
smartphone use, suggesting that continued research and public health policies should address the
long-term impact of digital dependency in post-pandemic society.
Keywords: Smartphone addiction - Technological dependence Mental health Youth -
Nomophobia
Introducción
Durante la emergencia sanitaria global provocada por el COVID-19 en marzo de 2020 (OMS,
2020), y ante la implementación de medidas de aislamiento preventivo, se produjo un marcado
incremento en el uso de internet y de diversas plataformas digitales, incluidas redes sociales y
aplicaciones. Estos recursos comenzaron a ser utilizados intensamente como medio para sostener
la continuidad laboral, educativa y social, así como para mantener el contacto con seres queridos,
entretenerse y sobrellevar el difícil contexto (Ceberio et al., 2021).
Como consecuencia de este escenario, se intensificó la dependencia hacia el teléfono
celular en sus múltiples funciones, al convertirse en una herramienta clave para mantener la
conexión con la red social de cada persona. El confinamiento modificó profundamente la forma
en que las personas interactuaban con su entorno, impulsando un uso más intensivo de la
tecnología para garantizar la continuidad de sus actividades cotidianas. Muchas de estas prácticas
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digitales se consolidaron y aún persisten, incluso cuando la pandemia ya pertenece al pasado
reciente.
Cabe destacar que la presencia del teléfono móvil ya había transformado la relación de los
individuos con la tecnología antes de la pandemia, favoreciendo mejoras en la comunicación, la
inclusión social, la productividad y diversas actividades económicas (Pepper, Solomon &
Williams, 2012). No obstante, desde 2020, su uso se incrementó visiblemente debido a la
necesidad de mantener vínculos en un contexto marcado por el distanciamiento. Estudios han
evidenciado que el confinamiento trajo consigo modificaciones en los hábitos de uso de los
dispositivos móviles, tales como el aumento en las llamadas, en el tiempo conectado a internet y
en el uso de aplicaciones de mensajería y videollamadas (Buzzi et al., 2020). Por su parte,
Wiederhold (2020) resalta que la dependencia de la tecnología creció de forma acelerada, ya que
permitió continuar con actividades esenciales como el trabajo, la educación y la vida social, a pesar
del aislamiento físico. Igualmente, Wang et al. (2021) identificaron que el uso de celulares se
intensificó no solo para interactuar con otras personas, sino también para acceder a contenidos
informativos y recreativos, en especial aquellos vinculados a la salud. Estos cambios han
alimentado el debate en torno a los efectos de la creciente conectividad digital sobre la salud mental
y el bienestar general.
El aumento en el uso de dispositivos móviles puede atribuirse a la practicidad que ofrecen
para la realización de diversas tareas, como ocurre con los teléfonos inteligentes y las tabletas
(Jaramillo et al., 2017). Según datos de We Are Social y Hootsuite (2020), en enero de 2020 había
4.540 millones de usuarios de internet a nivel mundial, representando un 59% de la población
global. Es decir, más de la mitad de la humanidad estaba conectada en línea.
El uso de redes sociales también most un crecimiento continuo y acelerado, con un
incremento diario de aproximadamente un millón de nuevos usuarios. Más de 3.000 millones de
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personas usaban redes sociales cada mes, y la mayoría accedía a ellas desde dispositivos móviles.
En ese mismo año, 2020, el número de usuarios de redes sociales alcanzó los 3.800 millones, lo
cual representa el 49% de la población mundial. Asimismo, 5.190 millones de personas utilizaban
internet desde sus smartphones, es decir, el 67% de la población global (We Are Social Ltd., 2020).
En el caso de Perú, el informe indicó la existencia de 24 millones de usuarios de internet, de los
cuales un 26,8% accedía desde sus teléfonos celulares.
Este escenario invita a reflexionar sobre el incremento potencial de la dependencia hacia
los smartphones, especialmente a partir de 2020. Aunque el período pandémico ha quedado atrás,
muchas de sus consecuencias tanto beneficiosas como problemáticas persisten en nuestra
cotidianeidad. Por ello, resulta fundamental analizar sus implicancias en la salud individual y
colectiva, con el objetivo de promover acciones preventivas, como la concientización mediante
estrategias de psicoeducación.
Antecedentes y marco teórico
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adicción o dependencia como una condición
de carácter físico y psicoemocional que se manifiesta en una necesidad persistente hacia una
sustancia, actividad o relación. Esta problemática incluye una serie de manifestaciones clínicas en
las que convergen componentes biológicos, genéticos, psicológicos y sociales. En cuanto a la
adicción a internet, se señala que inicialmente la persona entra en una etapa de “involucramiento”,
es decir, un uso recurrente de los servicios disponibles en línea, por lo que esta adicción puede ser
entendida como la incapacidad de limitar dicho involucramiento, presentando síntomas
disfuncionales (Lam-Figueroa et al., 2011).
Una persona puede ser considerada adicta a internet cuando no logra controlar el tiempo
que permanece conectada, descuidando sus compromisos familiares, laborales, sociales o
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educativos. También se observa una disminución en las horas de descanso, así como irritabilidad,
fatiga, debilitamiento inmunológico y tendencia al aislamiento (Basile, 2006).
La adicción a internet (AI) representa una categoría emergente de adicciones no vinculadas
al consumo de sustancias, y se caracteriza por la dificultad para controlar impulsos o
comportamientos relacionados con el uso del ordenador y la navegación en la red. Esta forma de
dependencia puede generar alteraciones significativas en el bienestar psicológico y limitar la
autonomía personal, al reducir la diversidad de intereses y afectar negativamente el
desenvolvimiento diario, al priorizar el entorno digital sobre la vida real (Shaw & Black, 2008).
En cuanto a los teléfonos inteligentes, su capacidad para brindar acceso inmediato a
internet a través de múltiples aplicaciones aumenta el riesgo de desarrollar comportamientos
dependientes. La disponibilidad constante del recurso es una de las variables clave en el
surgimiento de trastornos adictivos (Chóliz, Marco y Chóliz, 2016). La adicción al celular se
expresa en la pérdida del sentido del tiempo, abandono de actividades cotidianas y la aparición de
emociones como enojo, ansiedad o tristeza cuando no se puede utilizar el dispositivo (Mathey,
2017).
De acuerdo con Flores et al. (2015), esta dependencia al celular es una forma de adicción
tecnológica, evidenciada por un uso compulsivo e incontrolado del dispositivo, con una interacción
constante entre el usuario y su aparato. Esta conducta se refleja en la imposibilidad de apagarlo o
silenciarlo, con el fin de mantenerse disponible ante cualquier notificación. En línea con esto,
Muñoz y Agustín (2005, como se citó en Dávila y Pumarrumi, 2018) indican que esta adicción
implica una dificultad persistente para resistirse al uso de funciones como llamadas, mensajes,
juegos, navegación o multimedia, pese a que ello repercuta negativamente en diversas áreas de la
vida del individuo. Hilt (2019) añade que el problema no reside exclusivamente en la frecuencia
de uso, sino en el nivel de dependencia que generan estos dispositivos. Un ejemplo de esto es la
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ansiedad que se experimenta ante la posibilidad de no ver actualizaciones en redes sociales, lo que
conduce a una conducta compulsiva de revisión constante.
Una de las señales de alerta en torno a este tipo de comportamientos es el uso excesivo y
repetido del celular, lo cual se relaciona con el concepto de adicción, especialmente por la
gratificación inmediata que proporciona (Marlatt y Gordon, 1985). Este tipo de vínculo puede
derivar en una relación problemática que entra en la categoría de adicción conductual (Sánchez
Carbonell et al., 2008; Alonso-Fernández, 2003; Echeburúa, 1999). Así, el término “adicción”
podría ampliarse más allá del consumo de sustancias o alcohol para incluir este tipo de conductas
compulsivas (Bianchi & Phillips, 2005).
Desde esta perspectiva, la adicción al celular puede definirse como una dificultad crónica
y creciente para controlar los impulsos hacia un uso desproporcionado, repetitivo y desadaptativo
de sus funciones, impulsado por la sensación de placer y satisfacción, a pesar de que sus efectos
perjudiquen la vida de quien lo utiliza (Morales, 2012).
Chóliz, Marco y Chóliz (2016) destacan que la tolerancia y la abstinencia son dos
características fundamentales en los trastornos de adicción. Estas se manifiestan en una necesidad
creciente de usar el celular con mayor frecuencia, acompañada de un fuerte malestar si no se puede
acceder a él. Las dificultades técnicas o la imposibilidad de utilizarlo pueden provocar reacciones
emocionales desproporcionadas. La falta de control sobre el impulso se presenta como otra
característica central, y está favorecida por la constante innovación en aplicaciones móviles, lo que
dificulta el autocontrol conductual (Chóliz, Marco y Chóliz, 2016).
Marks (1990) argumenta que todos los síndromes de dependencia comparten un rasgo
común: la compulsión por realizar una conducta, aun conociendo sus consecuencias negativas.
Esta compulsión suele estar acompañada por un incremento de tensión, la cual se alivia
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momentáneamente al ejecutar la conducta, pero regresa pidamente, alimentando el ciclo de
dependencia.
El DSM-V identifica ciertos comportamientos como adictivos cuando se presentan
síntomas como tolerancia, abstinencia, pérdida de control, interferencia con otras actividades y
consecuencias negativas derivadas del uso (Chóliz, 2010). En dicho manual también se incluye el
término nomophobia, originado del inglés no mobile phone phobia, que alude al nerviosismo,
malestar o ansiedad cuando una persona no puede acceder a su celular o computadora. Este
fenómeno abarca distintas conductas, como pasar demasiado tiempo con los dispositivos, llevar
siempre un cargador por miedo a quedarse sin batería, o intentar usarlos en contextos no
permitidos. Incluso se observa una preferencia por la interacción digital en detrimento del contacto
presencial, utilizada como estrategia para evitar la ansiedad social.
Otro fenómeno asociado es el phubbing, que implica ignorar a quienes están físicamente
presentes por prestar atención al celular. Este concepto, introducido en 2013 en Australia a través
del diccionario Macquarie, surge de la combinación de las palabras phone y snubbing, y representa
una interrupción en la comunicación cara a cara.
Según Hales et al. (2018), esta conducta está afectando negativamente a las relaciones
interpersonales, al ser percibida como una falta de cortesía y consideración. Lo preocupante es
que, dentro de las amistades, muchas veces no se expresa el malestar abiertamente, lo que lo
convierte en una forma sutil de exclusión. Lynne, Miller y Duran (2019) explican que el phubbing
pone en riesgo cuatro necesidades psicológicas fundamentales: pertenencia, autoestima, control y
sentido de significado. Esta práctica genera un ambiente donde las personas se sienten poco
valoradas y relegadas, afectando las interacciones sociales y convirtiéndose en un problema cada
vez más normalizado, pero con posibles consecuencias significativas.
Dimensiones de la adiccin al celular
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Chóliz y Villanueva (2012) identifican diversas dimensiones clave para comprender la adicción al
teléfono móvil:
A.Abstinencia
Se trata de una manifestación típica en los cuadros adictivos, caracterizada por un profundo
malestar emocional ante la imposibilidad de acceder al celular o cuando ha transcurrido un tiempo
prolongado sin usarlo. Incluso las fallas técnicas o dificultades para operarlo pueden desencadenar
reacciones emocionales exageradas y negativas.
B. Abuso y pérdida del control del impulso
Hace referencia al uso excesivo del teléfono en cualquier contexto o momento del día, vinculado
con una de las principales características de la conducta adictiva: la incapacidad de interrumpir el
consumo. En este caso, la conducta incontrolable es el uso del celular, y el desarrollo de nuevas
aplicaciones, en especial las de mensajería, dificulta aún más el autocontrol.
C. Consecuencias del uso desmedido
Aquí se consideran los efectos adversos del uso abusivo o inapropiado del celular en el plano
personal (como el gasto elevado o el descuido de otras actividades importantes), en el ámbito social
(conflictos interpersonales), y en el entorno familiar.
D. Tolerancia
Esta dimensión implica una necesidad creciente de usar el celular para alcanzar la misma sensación
de satisfacción, ya que el uso habitual deja de resultar suficiente. En la literatura especializada se
observa una diversidad de definiciones sobre lo que implica la adicción y el abuso del celular,
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junto con una amplia variedad de instrumentos que intentan medir estos fenómenos (Pedrero et al.,
2012).
Términos como “adicción al smartphone”, “uso problemático del teléfono móvil”,
“dependencia al teléfono móvil” o “uso compulsivo del teléfono móvil” reflejan distintas formas
de nombrar una misma problemática (Al-Barashdi, Bouazza & Jabur, 2015). En este trabajo se
opta por utilizar el concepto de “adicción al celular”.
Aunque tradicionalmente el término adicción ha estado más asociado al consumo de
sustancias como el alcohol o las drogas, hoy en día se reconoce que existen también formas de
adicción vinculadas al comportamiento y a la tecnología (Griffiths, 2005). Este autor propone un
modelo biopsicosocial de adicción que equipara las experiencias de personas con dependencia a
sustancias químicas con aquellas que presentan una relación excesiva con nuevas tecnologías u
otras conductas reforzantes. Según su planteo, los síntomas son comparables, y por tanto, las
adicciones tecnológicas deben entenderse como no químicas, pero conductuales. Estas pueden
clasificarse en pasivas, como mirar televisión, o activas, como el uso del celular. En este marco,
la adicción al celular se agrupa junto con otras adicciones conductuales como el juego patológico,
las compras compulsivas o la adicción a los videojuegos (Chóliz, 2010).
El vínculo afectivo con el teléfono móvil parece originarse, principalmente, por dos
factores: la naturaleza emocional de la comunicación humana, que se ve ampliada por el uso del
móvil, y la proximidad física constante entre el dispositivo y el cuerpo del usuario (Vincent, 2011;
Lasén, 2004).
Diversos estudios han advertido, desde hace tiempo, que el uso de estas tecnologías, pese
a sus múltiples ventajas, puede también acarrear dificultades, como lo reflejan investigaciones
previas (Merlo, Stone & Bibbey, 2003). El celular ha puesto al alcance de la mano una gran
variedad de funciones: mensajería instantánea, navegación por internet, acceso a redes sociales,
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música, videojuegos, información, imágenes, videos, y soluciones rápidas para tareas como pagos
o transferencias bancarias. Además, en el ámbito laboral, desde su aparición ha contribuido a una
mayor eficiencia (Merlo, Stone & Bibbey, 2013). Esta versatilidad ha convertido al celular en un
dispositivo altamente atractivo, en particular para la población juvenil (Pedrero et al., 2012).
En este escenario, las redes sociales se consolidaron como una de las aplicaciones más
utilizadas, convirtiéndose en un medio de comunicación central en la actualidad. Dado que ofrecen
prácticamente todo lo que las personas buscan, muchas veces se desplazan otras herramientas
disponibles en la web. Esta búsqueda constante de novedades dentro del espacio digital puede
generar hábitos que, con el tiempo, se transformen en adicciones (Çam & İşbulan, 2012), afectando
incluso las relaciones familiares y de pareja (Elphinston & Noller, 2011).
El crecimiento en los niveles de dependencia al celular ha sido sostenido en las últimas
décadas, en parte, por el atractivo cada vez mayor que generan estos dispositivos (Flores et al.,
2015). En España, por ejemplo, el porcentaje de jóvenes considerados adictos al móvil era del
28,9% en 2015, subiendo al 31,2% en 2016 y al 45,3% en 2017, lo que indica una tendencia
creciente (Summers, 2017). La comunidad psicológica ya advertía sobre el rápido aumento de esta
adicción, especialmente entre adolescentes y jóvenes. En una encuesta realizada a mil estudiantes
de Corea del Sur, se encontró que el 72% de los niños de 11 y 12 años poseía un celular, y lo
utilizaban en promedio 5,4 horas al día. Además, cerca del 25% de estos niños presentaban
indicadores de adicción al dispositivo (Chen, 2015). Otros investigadores coinciden en que el uso
persistente del celular puede transformarse en una conducta adictiva con consecuencias
patológicas (Salas, Copez & Merino, 2020).
En la investigación de Kids Online Argentina (Paolini & Ravalli, 2016) se identificó que
el 89% de los adolescentes accedía a internet a través del celular. Este uso intensivo puede acarrear
riesgos adicionales como el acoso digital, la exposición a otras adicciones (como el juego
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patológico, las compras compulsivas o la adicción al sexo), así como el contacto con contenido
inapropiado (Muñoz-Rivas et al., 2009; Echeburúa Odriozola et al., 2009). En América Latina
también se hallaron cifras preocupantes: en Colombia, el 36% de los jóvenes encuestados usaban
el celular entre 1 y 5 horas al día, un 35% entre 6 y 10 horas, un 18% entre 11 y 15, y un 11%
reportaba un uso diario de entre 16 y 20 horas (Arias et al., 2011). En Argentina, un estudio con
jóvenes de entre 18 y 25 años indicó que el 80% mostraba conductas de abuso del celular (Telesur,
2017).
Frente a esta realidad, el presente estudio se propuso indagar los niveles de dependencia al
smartphone en la población argentina. Aunque ya existen antecedentes nacionales sobre este tema,
la mayoría corresponden al período anterior a la pandemia. Como se ha señalado, se presume que
el confinamiento intensificó el uso del celular, ya que lo que antes era una elección, durante la
emergencia sanitaria se convirtió en una necesidad. Por ello, los hallazgos de esta investigación
permitirán conocer el estado actual de la población argentina en relación con esta problemática y
aportar evidencia útil para guiar políticas de salud orientadas a la prevención, la concientización y
el uso saludable de la tecnología móvil.
Objetivo general
Explorar los niveles de dependencia en el uso del teléfono móvil en una muestra de población
argentina
Objetivos específicos
1. Conocer los niveles de dependencia al celular en una muestra de población argentina según
grupo etario.
2. Observar los niveles de dependencia al celular en una muestra de población argentina según
género
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Método
Diseño
Se aplicó un diseño no experimental del cual participaron voluntarios que respondieron a
un cuestionario auto administrado distribuido por redes sociales. Es, por lo tanto, un estudio no
probalístico y de corte transversal (Sampieri et al, 2014) La muestra estuvo conformada por 458
personas de entre 18 y 70 años de edad. (Femenino=328, Masculino=129). Esta diferencia en la
composición, que no refleja la composición real de la población, puede resultar en que las
conclusiones estén sesgadas hacia la población de mujeres. Como criterio de inclusión se tuvo en
cuenta la edad (entre 18 y 70 años). No se contemplaron otros criterios de exclusión.
Instrumentos
Se elaboró un cuestionario en la plataforma Google Forms® en el que se recogió información
socio demográfica (edad, sexo, estado civil, nivel de estudios y ocupación) e información
relacionada con el smartphone. Además, se incluyó una escala para valorar el nivel de adicción al
smartphone.
La escala de adicción al smartphone utilizada (SAS) fue creada originalmente por Kwon
et al. (2013). La escala está formada por ítems basados en la dependencia de sustancias y el
trastorno de juego patológico propuesto por el DSM-IV (APA, 1994, 2000). El formato de
respuesta se presenta en una escala tipo Likert de 6 puntos, donde 1 se corresponde con
“Totalmente en desacuerdo” y 6 con “Totalmente de acuerdo”. La puntuación de la escala oscila
entre 10 y 60, existiendo un mayor riesgo de adicción al smartphone a medida que la puntuación
es más elevada.
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Resultados
A partir de la suma de las puntuaciones se definió una nueva variable que podía tomar
valores entre 16 y 80. El promedio general para las 458 personas que componían la muestra resultó
en 45,05 con una DS de 9,96. El 25% de las personas encuestadas tuvieron una puntuación mayor
a 52 puntos, mientras que un 25% de los encuestados evidenciaron una puntuación menor a 38
puntos.
Si bien no existen valores de referencia para determinar en qué caso el nivel de adicción es
alto, normal o bajo, se puede analizar la dispersión de los valores que arrojó la muestra y calcular
los porcentajes que están más allá de 1 o 2 desvíos estándar de la media, considerando a estos
valores lo suficientemente alejados como para aceptar que corresponden a valores altos, muy altos,
bajos o muy bajos de adicción al celular respecto de la totalidad de las personas incluidas en el
estudio.
Si consideramos un valor alto de adicción, a aquella puntuación por encima de 1 desvío
estándar de la media (55.012), un 14,2% de las personas evidenciaron un alto grado de adicción al
celular, mientras que se puede decir que el 2,6% registró un valor muy alto de adicción al
posicionarse por encima de 2 desvíos estándar de la media. En el otro sentido, un 16,4% evidenció
un valor bajo de adicción y un 1,3% un valor muy bajo de adicción al celular respecto de la
totalidad de las personas estudiadas. Al comparar los valores entre hombres y mujeres, no se
detectaron diferencias significativas en relación a la adicción al celular
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Prueba de
Levene para
la igualdad de
varianza
Prueba T para la igualdad de Medias
f
t
Sig.
(bilateral
)
Diferenci
a de
medias
Error típ.
de la
diferenci
a
Intervalo de
confianza del 95%
Inferio
r
Superior
Adicció
n
Se han
asumido
varianza
s iguales
.529
1.021
.308
1.059
1.036
-.979
2.094
No se
han
asumido
varianza
s iguales
1.026
227.70
7
.315
1.058
1.051
-
1.013
3.129
El coeficiente de correlación de Pearson entre la edad y el nivel de adicción resultó de
0,274, y significativamente distinto de cero al nivel 0,01. Esto es, a medida que la edad aumenta,
el nivel de adicción disminuye.
Edad
Adicción
Edad
Correlación de Pearson
1
-.274**
Sig. (bilateral)
.000
N
454
454
Adicción
Correlación de Pearson
-.274**
1
Sig. (bilateral)
.000
N
454
458
** La correlación es significativa al nivel 0,01 (bilateral).
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A los fines de analizar el nivel de adicción en función del grupo etario al que pertenece, la edad,
se compararon tres grupos: menores de 25 años, entre 26 y 65 años, mayores de 65 años.
Estadísticos por rango de edad
Adicción / Rango de
edad
Menor de 25
Entre 26 y 65
Mayor de
N Válidos
53
359
42
Media
48,45
45,45
38,02
Mediana
48,00
45,00
37,00
Desv. típ.
10,609
9,706
8,188
Mínimo
29
19
25
Máximo
79
73
55
Percentiles 25
42,50
38,00
31,75
Percentiles 50
48,00
45,00
37,00
Percentiles 75
56,00
52,00
43,50
Se observa una disminución del nivel de adicción a medida que el grupo etario aumenta.
Una prueba de ANOVA para comparar las medias entre los tres grupos resultó estadísticamente
significativa, por lo que se puede concluir que las medias de los tres grupos son diferentes.
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ANOVA de un factor
Fuente de
variación
Suma de
cuadrados
gl
Media
cuadrática
F
Sig.
Inter-grupos
2742,366
2
1371,183
14,610
,000
Intra-grupos
42326,905
451
93,851
Total
45069,271
453
Discusión
Los hallazgos de esta investigación se alinean con lo reportado en otros estudios realizados tanto
antes como durante la pandemia de COVID-19, que identifican a la población joven como el grupo
más propenso a desarrollar dependencia hacia el uso del celular, tanto en Argentina como en el
resto de América Latina. En esta dirección, Dávila (2018), en un estudio realizado en Guatemala,
señaló que cerca del 40% de los adolescentes presentaban signos de uso excesivo del teléfono
móvil. Por su parte, Alkhateeb et al. (2020) indicaron que el 70% del alumnado universitario
encuestado manifestó haber comenzado a utilizar el celular antes de los 18 años. Asimismo, Hadi
et al. (2020) señalaron que el 81% de las personas dependientes del celular tenían entre 15 y 30
años, siendo que el 70% presentaba una adicción severa, el 9% una adicción moderada y el 21%
una leve. De forma similar, De la Cruz Sandoval et al. (2019), en una investigación con estudiantes
de una universidad privada de Lima, concluyeron que los jóvenes entre 16 y 24 años eran los más
susceptibles al uso intensivo y problemático del teléfono móvil.
Tenezaca Sánchez et al. (2021), en una muestra probabilística de 174 estudiantes
universitarios en Ecuador, con edades entre 18 y 21 años, hallaron que el 60,9% presentaba un
nivel moderado de dependencia al celular, el 20,7% un nivel alto y el 18,4% un nivel bajo. Las
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dimensiones más relevantes fueron “abstinencia y tolerancia” y “abuso y ausencia de control de
impulsos”. En esta misma línea, se llevó a cabo un estudio orientado a analizar la relación entre la
dependencia al celular y los niveles de impulsividad en estudiantes universitarios, con un diseño
cuantitativo, no experimental y correlacional. Participaron 2.533 estudiantes de la Facultad de
Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de Chimborazo, con una media de edad de 21,3
años. El 66,5% de los participantes mostró un nivel moderado de dependencia, mientras que el
85,03% presentaba impulsividad no planificada, con niveles medios en todas las subescalas
evaluadas. Entre ambas variables se observó una correlación positiva, moderada y
estadísticamente significativa (Castillo Gonzales, Tenezaca Sánchez & Mazón Naranjo, 2021).
Además de coincidir con los resultados obtenidos en esta investigación, el estudio
mencionado permite visibilizar una consecuencia asociada al uso problemático del celular: la
impulsividad. Esto resalta la necesidad de avanzar en estrategias preventivas s eficaces. Aun
antes de la pandemia, en Argentina también se identificaban patrones de riesgo entre los jóvenes.
Por ejemplo, en un artículo del diario La Nación (Uranga, 25 de agosto de 2016), se hace referencia
a una encuesta nacional de 2016 sobre Consumos y Prácticas Culturales de Adolescentes, donde
se reportó que el 70% de los adolescentes argentinos estaba conectado a internet de forma casi
constante, y de ese total, el 40% permanecía en nea hasta la hora de dormir, mientras que otro
porcentaje intentaba mantenerse conectado las 24 horas.
Un patrón similar fue evidenciado en la investigación Kids Online Argentina (Paolini &
Ravalli, 2016), donde el 51% de los adolescentes declaraba estar conectado todo el tiempo, el 20%
más de una vez al día y el 16% más de una vez por hora. Otro estudio del Centro de Trastornos de
Ansiedad de Buenos Aires reveló que el 80% de jóvenes entre 18 y 25 años hacía un uso excesivo
de teléfonos celulares (“Adicción al celular es parecida a dependencia a las drogas”, 2017).
Ceberio et al. (2019) también observaron que, según la escala SAS, los puntajes de
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dependencia disminuyen con la edad, sugiriendo que las personas adultas tienden a experimentar
menor interferencia en su rutina diaria debido al uso del celular. Esta tendencia respalda la
conclusión de que los jóvenes son más propensos a desarrollar dependencia. En cuanto al género,
los resultados de esta investigación no revelaron diferencias significativas entre hombres y
mujeres, lo cual contrasta con otros estudios previos que encontraron una mayor tendencia en
mujeres.
Por ejemplo, en un trabajo realizado con universitarios en Arequipa, se observó que el 8,1%
de las mujeres y el 3,4% de los hombres presentaban síntomas compatibles con adicción al teléfono
(Morales, 2012). Matoza-Báez y Carballo-Ramírez (2016) informaron que las mujeres presentaban
mayor prevalencia de nomofobia leve, mientras que los hombres mostraban una tendencia hacia
formas moderadas. Dávila (2018) halló que un 38% de los adolescentes varones presentaban un
grado alto de dependencia, mientras que el 92% de las mujeres adolescentes no evidenciaban
signos de dependencia. De forma complementaria, Ibrahim et al. (2018) señalaron que las mujeres
pasaban más tiempo usando el celular que los varones y mostraban una mayor predisposición a
desarrollar adicción. Bhattacharya et al. (2019), en una investigación con estudiantes del Reino
Unido, informaron que el 58% de los hombres y el 47% de las mujeres sufrían de dependencia al
celular.
Otras investigaciones confirmaron una mayor prevalencia de este tipo de conducta en
mujeres. Salman Alavi et al. (2020) concluyeron que el 72,8% de las personas con mayor nivel de
adicción eran mujeres, frente a un 27,2% de varones. Laurence et al. (2020) señalaron cifras
similares. En sintonía, Alkhateeb et al. (2020) encontraron que el 23,4% de las mujeres
universitarias utilizaban sus celulares con mayor frecuencia en comparación con el 15,6% de los
varones. Por otro lado, Hadi et al. (2020) reportaron que el 52% de los casos de dependencia al
celular correspondía a hombres, y el 48% a mujeres.
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Un estudio adicional reportó que el tiempo promedio de uso diario del teléfono móvil era de 4,5 ±
2,5 horas entre mujeres estudiantes, mientras que entre los hombres era de 4,1 ± 2,7 horas. Esta
diferencia resultó estadísticamente significativa, indicando que el uso prolongado se daba con
mayor frecuencia en hombres (Kumcağiz et al., 2020).
Conclusión
Los hallazgos de esta investigación invitan a considerar de qué modo el aislamiento durante la
pandemia pudo haber contribuido al incremento en los niveles de dependencia al celular. Mientras
que antes del confinamiento su uso era una opción, durante la cuarentena se convirtió en un recurso
indispensable. La necesidad de continuar con actividades laborales, académicas, compras o
trámites, así como la necesidad de mantener vínculos sociales, obligó a muchas personas a
exponerse de manera intensiva a estos dispositivos, ya que gran parte de la vida cotidiana debió
trasladarse al entorno digital.
Si se aborda esta problemática desde una perspectiva de adicción, la constante exposición
y el acceso inmediato al objeto adictivo podrían constituir un factor de riesgo. Asimismo, se
observó que los jóvenes fueron quienes presentaron los niveles más altos de dependencia, lo cual
puede explicarse, en parte, por los factores mencionados por Chóliz (2008), quien identifica que
en la etapa adolescente el celular cumple diversas funciones:
Autonomía:
permite a los adolescentes delimitar su espacio personal y distanciarse del control parental.
Identidad y prestigio: la posesión de modelos con tecnología avanzada o de determinadas marcas
puede conferir estatus dentro del grupo de pares.
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Interés por las aplicaciones tecnológicas: las novedades informáticas y digitales generan una
fuerte atracción en este grupo etario.
Uso recreativo:
más allá de su utilidad para comunicarse, muchas funciones del celular están orientadas al ocio,
como los videojuegos.
Relaciones interpersonales: las diferentes funciones del smartphone facilitan el
establecimiento de vínculos personalizados, la expresión de afecto e incluso el reconocimiento
social a través de prácticas como las llamadas perdidas (Donner, 2007).
En contraste, aunque los adultos mayores también han incorporado el uso del celular a sus
vidas, lo han hecho en una etapa más avanzada y de manera gradual. En muchos casos, han
desarrollado otras formas de resolver situaciones cotidianas que no dependen de la tecnología,
especialmente mediante la presencialidad. Además, al disminuir su participación en el mercado
laboral, el uso del celular tiende a ser menor en esta etapa vital. Por ello, es fundamental fortalecer
el rol de la familia y de las instituciones educativas en el acompañamiento de los jóvenes,
brindándoles herramientas adecuadas para el uso saludable de esta tecnología (Vinces, Zuñiga,
Menéndez & Chilán, 2022). A su vez, se requiere avanzar en la investigación sobre el uso del
celular entre estudiantes universitarios, incorporando enfoques cualitativos que permitan
profundizar en las representaciones subjetivas que los jóvenes tienen sobre este dispositivo
(Arroyo et al., 2020). En este sentido, se podrían promover estrategias de psicoeducación dirigidas
a alumnos, docentes y familias, que permitan fomentar un uso consciente y reflexivo del celular,
y generar mayor conciencia sobre sus posibles consecuencias.
En este estudio no se identificaron diferencias relevantes en los niveles de dependencia
según el género, lo que indicaría que esta problemática se ha extendido de manera transversal,
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afectando principalmente a la población más joven. Al mismo tiempo, se observa un cambio
acelerado en este panorama debido a los avances vertiginosos en inteligencia artificial, la cual
también se ha incorporado en los smartphones, haciéndolos aún más funcionales y atractivos, pero
también aumentando su potencial adictivo.
Finalmente, resulta necesario detenerse a pensar en una paradoja propia de esta era digital:
mientras mayor es el acceso a internet y a herramientas de comunicación, más parecen deteriorarse
los vínculos humanos. Este fenómeno se visibiliza en prácticas como el phubbing, donde se ignora
a quien está presente por prestar atención al celular. Así surgen interrogantes profundos: ¿estamos
evolucionando como especie al mismo ritmo que las tecnologías que desarrollamos? ¿Existe una
correlación entre el acercamiento a lo artificial y una creciente deshumanización? Estas preguntas
nos invitan a explorar con mayor profundidad los desafíos de esta nueva etapa de la humanidad.
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