Recepción del artículo: 21/09/2024| Aceptación para publicación: 1/12/2024 Publicación: 23/12/2024
“Duelo por muerte de animales de compañía:
factores ligados a intensidad sintomática y recursos de afrontamiento.”
“Companion animal grief: factors linked to symptom intensity and coping resources.”
Marcos Diaz Videla, PhD
https://orcid.org/0000-0002-8792-4593
Universidad de Flores (UFLO), Buenos Aires, Argentina.
Resumen
En las últimas décadas, la convivencia con animales de compañía ha aumentado, destacándose beneficios emocionales como costos, especialmente al lidiar con su muerte. Comprender factores relacionados con severidad de duelo y mejor afrontamiento, ayuda a desarrollar estrategias de apoyo para estos tutores en luto. Se analizaron tutores de Argentina (n = 288) tras la pérdida de un perro o gato, evaluando intensidad sintomática (Pet Bereavement Questionnaire; PBQ), concepción de continuidad humano-animal (Animal-Human Continuity Scale; AHCS), y la disponibilidad y utilidad de recursos de afrontamiento. No se registraron diferencias entre quienes habían perdido perros y gatos. La mayor edad del tutor y del animal se asoció con menor sintomatología, mientras que las muertes inesperadas, y más aún las accidentales, se ligaron a más síntomas. La mayor percepción de continuidad humano-animal se ligó a más síntomas de duelo. Los recursos de afrontamiento más útiles y disponibles fueron el apoyo de familiares y amigos, la realización de rituales funerarios y el empleo de elementos (e.g., retratos) para recordar. Se destaca la información pronóstica para incrementar la predictibilidad en casos de afecciones crónicas, así como las necesidades de apoyo emocional y de orientación espiritual para legitimar la pérdida.
Palabras clave: animal de compañía, duelo, luto, mascota, muerte.
Abstract
In recent decades, living with companion animals has increased, highlighting emotional benefits but also costs, especially when dealing with their death. Understanding the factors contributing to the severity of grief and coping resources, is crucial for developing support strategies for grieving guardians. A study was conducted with guardians from Argentina (n = 288) who had lost a dog or cat recently, assessing the intensity of grief symptoms (Pet Bereavement Questionnaire; PBQ), the conception of human-animal continuity (Animal-Human Continuity Scale; AHCS), and the availability and usefulness of coping resources surrounding the animal's death. No differences were found between those who had lost dogs and cats. Older age of the guardian and the animal was associated with fewer symptoms, while unexpected deaths, particularly accidental ones, were linked to more symptoms. A greater perception of human-animal continuity was associated with more grief symptoms. The most useful and available coping resources included support from family and friends, holding funeral rituals, and using items (e.g., portraits) to remember the animal. It was concluded by emphasizing the importance of prognostic information to increase predictability in cases of chronic conditions, as well as the need for emotional support and spiritual guidance to validate the loss.
Keywords: companion animal, death, grief, pet, pet bereavement.
Introducción
La convivencia con animales de compañía ha aumentado firmemente en las últimas décadas alcanzando niveles sin precedentes en la cultura occidental (Serpell 2016). En Argentina —similar en México y Brasil— se estimó que el 80% de los hogares cuentan con al menos un animal de compañía (GfK, 2016). Perros y gatos son las especies más populares (84% y 55% de hogares, respectivamente) y el 97% de los tenedores argentinos los consideran miembros de sus familias (Voices, 2023), resultados consistentes con otros trabajos nacionales (Díaz Videla, 2022; Díaz Videla & Olarte, 2016) e internacionales (Behler et al., 2020; Human Animal Bond Research Institute, 2022).
El estudio dentro del campo de las interacciones humano-animal mostró que las reacciones emocionales, físicas y sociales de los tutores en duelo por pérdida de animales eran intensas y comparables a las que se experimentan ante la pérdida de un vínculo humano (Adrian et al., 2009; Barnard-Nguyen et al., 2016; Davis et al., 2003; Eckerd et al., 2016; Tzivian et al., 2014; Wong et al., 2017, Wrobel & Dye, 2003).
Sin embargo, el duelo por pérdida de animales presenta particularidades que pueden dificultar su afrontamiento. La literatura sobre el tema destaca su configuración como un duelo privado de derechos (Cordaro, 2012; Doka 2002; para una revisión ver Park et al., 2021), debido a la falta de legitimación social del vínculo con el animal y su pérdida. Las restricciones sociales y la ausencia de rituales específicos de luto inhiben la expresión de pensamientos y emociones relacionadas. Esto dificulta la elaboración del duelo por muerte del animal (Lavorgna & Hutton, 2019; Reisbig et al., 2017; Wong et al., 2017) incrementando el riesgo de desarrollar un trastorno por duelo prolongado (APA, 2022) en los tutores de perros y gatos (Lee, 2020).
Diversos factores parecen incidir en la intensidad de la respuesta de duelo. Existe un acuerdo generalizado acerca del desarrollo de un vínculo de apego con el animal como un factor asociado (Cowling et al., 2020; Eckard et al., 2016; Lavorgna & Hutton, 2019; McCutcheon & Fleming, 2002), con mayor intensidad sintomática aún a partir del estilo de apego ansioso (Field et al., 2009; Lykins et al., 2023; Zilcha-Mano et al., 2011). Otros factores asociados con mayor intensidad de duelo fueron la tendencia a mayor antropomorfismo del animal (Beheler et al., 2020) y la percepción de continuidad entre humanos y animales, en contraposición a la concepción dicotómica (Uccheddu et al., 2019).
Por su parte, las características demográficas no se consideran por sí mismas predictores significativos del duelo. Por ejemplo, algunos estudios sugieren que las mujeres reportan respuestas de duelo más intensas que los hombres (Beheler et al., 2020; Hunt & Padilla, 2006), mientras que otros no encuentran diferencias significativas (McCutcheon & Fleming, 2002)
La relación entre la edad y la respuesta al duelo ha presentado resultados poco consistentes, considerándose una relación compleja y matizada (Barnard-Nguyen et al., 2016; Park et al., 2021). Algunos estudios sugieren que los tutores jóvenes son más propensos a experimentar una respuesta intensa de duelo (Cowling et al., 2020; McCutcheon & Flemming, 2002), mientras otros indican que las personas mayores pueden ser más vulnerables a experimentarla (Uccheddu et al., 2019).
Los tutores de hogares unipersonales mostraron síntomas más severos de duelo en comparación con aquellos que vivían con parejas o en hogares multipersonales (Davis et al., 2003; Kimura et al., 2011; McCutcheon & Fleming, 2001; Uccheddu et al., 2019).
El tiempo transcurrido desde la pérdida, tanto animal como humana, se asocia con disminución de sintomatología de duelo (Cowling et al., 2020; Likyns, 2023; McCutcheon & Fleming, 2002), aunque también hay trabajos que no encontraron esta asociación (e.g., Eckerd et al., 2016).
La especie animal (i.e., perro o gato) no se considera una variable relevante sobre intensidad del dolor del tutor (Eckard et al., 2016; McCutcheon & Flemming, 2002), como sí lo hace la edad del animal, asociándose consistentemente con menor sintomatología (Testoni et al., 2019). El tipo de muerte no se asoció con factores de duelo (Cowling et al., 2020; Eckerd, 2016), aunque el grado de predictibilidad o anticipación de la muerte sí se ligó a menor sintomatología (Chur-Hansen, 2010; Planchon et al., 2002; Williams & Green, 2016), siendo la muerte súbita o inesperada asociada con mayor ira y culpa (Barnard-Nguyen et al., 2016; Uccheddu et al., 2019).
El impacto de la eutanasia en el duelo del tutor ha mostrado algunos resultados mixtos, considerándose un factor complejo (Bussolari et al., 2018; Park & Royal, 2020; Reisbig et al., 2017; Wong et al., 2017). Cuando la decisión era ajena al animal (e.g., motivos económicos) o había dudas, la eutanasia ha sido ligada a mayor culpa y remordimiento (McNicholas & Collis, 1995). Mientras que, cuando esta decisión se ligaba al alivio del sufrimiento del animal (Beheler et al., 2020; Tzivian et al., 2014), fundamentalmente contando con buena orientación y apoyo veterinario (Cowling, 2020; Testoni et al., 2017), se evidenciaron mejores respuestas de duelo. De hecho, el apoyo de médicos veterinarios, junto con el de familiares y amigos, fueron los dos recursos de afrontamiento de la pérdida considerados más útiles por los tutores (Brown et al., 2023).
La comprensión acerca de los factores que contribuyen significativamente a la severidad del duelo después de la muerte de un animal de compañía y cómo interactúan estas variables para impulsar potenciales complicaciones, es crucial para desarrollar estrategias de apoyo para los tutores en duelo (Linkys et al., 2023).
Así, el presente estudio se propuso analizar y describir características ligadas al duelo por muerte de perros y gatos de compañía, considerando particularidades del tutor, el animal fallecido y su muerte, así como la intensidad sintomática. A su vez, se buscó describir la disponibilidad y utilidad de las conductas y personas de apoyo en la elaboración del duelo por muerte de animales de compañía de acuerdo con las características de los tutores en luto. Finalmente, se analizó y expuso acerca de la influencia de la concepción de semejanza humano-animal por parte del tutor al momento de elaborar el duelo por muerte de animales.
Método
Diseño
Con el objetivo de describir las conductas y reacciones de los tutores en duelo por la muerte de su animal de compañía en Argentina se realizó un estudio transversal y descriptivo mediante encuestas en línea. El muestreo fue incidental no probabilístico. El planteamiento no incluyó hipótesis propiamente dichas, sino que se orientó a conocer las características del fenómeno y realizar descripciones comparativas entre grupos y subgrupos de personas (Hernández Sampieri et al., 2018).
Técnicas de recolección de datos
Se confeccionó un cuestionario sociodemográfico en el que se reflejaron algunas características tanto de los tutores como del animal de compañía fallecido, y también, algunos datos sobre las circunstancias y el contexto al momento de la muerte del animal. Además, se incluyeron algunas preguntas a partir de una revisión de la literatura previa.
Adicionalmente, se incorporaron tres instrumentos, los cuales fueron traducidos y adaptados a los objetivos de este estudio.[1] La traducción del idioma original al castellano fue realizada por un profesional experto que habla ambos idiomas. Dada la connotación negativa del término ¨mascota¨ en idioma español, este fue reemplazado por animal o perro/gato dentro de las consignas y adaptaciones de los instrumentos de este estudio.[2]
Por último, se habilitó un espacio para que las personas que lo desearan pudieran explayarse sobre su experiencia o realizar cualquier tipo de aporte que consideraran pertinente.
Pet Bereavement Questionnaire (PBQ)
Como medida específica para evaluar el duelo ante la pérdida de un animal de compañía se utilizó el Cuestionario de Duelo de Mascotas (PBQ), desarrollado por Hunt y Padilla (2006). Un instrumento breve y confiable, creado para poder medir el impacto psicológico de la pérdida de una mascota, tanto para su uso en la investigación como en el entorno clínico.
El PBQ es una escala compuesta por 16 ítems. Se ofrecen cuatro opciones de respuesta de tipo Likert, que van desde “Muy en desacuerdo” hasta “Muy de acuerdo”. La puntuación se calcula a partir de la suma de los puntajes de todos los reactivos. Así, el valor mínimo es 0 y el máximo es 48. Los mayores puntajes indican mayor intensidad en la respuesta de duelo.
Los desarrolladores de la herramienta describen el cuestionario de duelo de mascotas como de buena confiabilidad interna (α de Cronbach .87) y validez de constructo (Hunt y Padilla, 2006).
El PBQ es la herramienta específica más frecuentemente utilizada en la investigación sobre el impacto del duelo ante la pérdida de animales compañía. Se ha traducido y adaptado en contexto italiano (Testoni et al., 2019), portugués (Silva et al., 2022), turco (Yüksel et al., 2023) y peruano (Villar Muñoz, 2022). Si bien esta última realizó una traducción al idioma español, al tratarse de una tesis no publicada y carecer de algunos datos sobre el proceso desarrollado, se optó por partir de la escala original para su traducción y adaptación al contexto argentino.
Inicialmente se optó por no emplear el término mascota (pet) por contar con una connotación negativa y se lo reemplazó por perro/gato, como términos más objetivos. El ítem 1 Estoy enojado con mi veterinario por no haber sido capaz de salvar a mi mascota (I feel angry at the veterinarian for not being able to save my pet) se modificó por Estoy enojado con mi veterinario u otra persona por no haber sido capaz de salvar a mi perro/gato, luego de la realización de la prueba piloto por sugerencia de los participantes, en tanto algunos expresaron que sus animales no habían recibido atención veterinaria, aunque sí experimentaban ira hacia otra persona dentro de la situación. El ítem 2 I am very upset about my pet’s death fue traducido como Estoy muy angustiado por la muerte de mi perro/gato, en lugar de Estoy muy molesto, en tanto los autores originales indicaron que el objetivo de este reactivo no era una alternación ligada a la ira, sino al dolor del tutor. El instrumento adaptado se consigna en anexo. Así, la escala mostró muy buena confiabilidad: α de Cronbach .85.
Inventario de disponibilidad y utilidad de personas y actividades en torno a la muerte del animal de compañía
El inventario permite identificar la disponibilidad de distintas fuentes de apoyo y recursos de afrontamiento frente a la muerte de un animal de compañía. Esta herramienta ha sido desarrollada recientemente por Brown et al. (2023) a partir de una revisión de la literatura. La misma cuenta con 11 recursos identificados y cuatro opciones de respuesta: Disponible y de mucha ayuda; Disponible y de poca ayuda; No disponible, pero sería de mucha ayuda; y No disponible, pero sería de poca ayuda. Luego de la traducción se realizó una adaptación al contexto argentino, adicionando algunos ejemplos en cada reactivo para clarificar. Además, se incorporaron dos reactivos originales, indagando sobre el apoyo derivado de educadores caninos/felinos y la clonación.
Si bien el inventario no permite obtener un puntaje integral, sumamos la cantidad de opciones útiles y disponibles, considerando entonces una variable llamada Cantidad de opciones útiles y disponibles. De manera similar, sumamos la cantidad de opciones disponibles, con independencia de su utilidad, creando la variable Cantidad de opciones disponibles. Y lo mismo hicimos con las opciones útiles, creando la variable Cantidad de opciones útiles.
Animal-Human Continuity Scale (AHCS)
La escala de Continuidad Animal Humana (AHCS), es una escala que evalúa si el encuestado considera a los humanos y a los animales como parte de un mismo continuo o más de forma dicotómica (Templer et al., 2006). Se considerada una herramienta relevante en la investigación del impacto de las creencias individuales y los factores culturales y religiosos en la relación humano-animal.
Se trata de un inventario compuesto por 12 afirmaciones acerca de la continuidad o discontinuidad humano-animal. A mayor puntaje, mayor visión de continuidad. Los ítems 1, 2, 3, 7, 9, 10, 11 y 12 remiten a un sentido dicotómico respecto de humanos y animales, por lo que se invierte la puntuación al momento de ser sumada. Los ítems 4, 5, 6, 8 remiten directamente en dirección a la continuidad humano-animal. Si bien su versión original cuenta con siete opciones de respuesta referidas al grado de acuerdo con cada afirmación, para este trabajo decidimos remitirlas a cinco opciones luego de la prueba piloto, buscando simplificar el protocolo y agilizar el tiempo de respuesta.
La AHCS tiene una consistencia interna aceptable en su desarrollo original (α de Cronbach .69); sin embargo, en la presente investigación la misma fue cuestionable (α de Cronbach .55). Se procedió al análisis de los reactivos eliminando los tres que más disminuían la consistencia: Las personas son animales (ítem 4), Los animales tienen miedo a la muerte (ítem 5) y Las personas evolucionaron a partir de animales inferiores (ítem 6). Luego de esto, la escala globalmente logró una consistencia aceptable similar a la original (α de Cronbach .69). El instrumento adaptado se consigna en anexo.
Procedimiento
Se realizó una prueba piloto con 10 adultos tutores de perros o gatos que habían experimentado la pérdida de su animal en los últimos 2 años, en la que se evaluó la comprensión de los cuestionarios, así como los tiempos de respuesta. Luego de esto, se realizaron modificaciones menores en la redacción del cuestionario sociodemográfico, se redujeron algunos ítems, se modificó el ítem 1 de la escala PBQ y se redujeron a 5 las opciones de respuesta del AHCS. El cuestionario digital fue distribuido en redes sociales y listas de difusión de los investigadores, buscando un efecto de bola de nieve entre diciembre de 2023 y enero de 2024.
Los participantes brindaron su consentimiento informado antes del comienzo de la encuesta. Se respetaron los lineamientos éticos para la investigación en humanos conforme a lo establecido por la Asociación Psicológica Americana (APA, 2018) y las normas bioéticas internacionales según la Declaración de Helsinki (WMA, 2013).
Análisis de datos
Para el análisis estadístico de los datos se empleó el IBM SPSS 20.0 para Windows. La prueba Kolmogorov-Smirnov mostró que la distribución de los puntajes de todas las escalas se apartó significativamente de un modelo normal (p < .001), excepto para el puntaje total de PBQ (p = .067). Por este motivo, se decidió realizar los análisis con pruebas no paramétricas. En el caso de las comparaciones de dos grupos, se empleó la prueba U de Mann-Withney, mientras que en el caso de comparaciones de más de dos grupos se empleó el estadístico H de Kruskal-Wallis. Al momento de realizar correlaciones de los puntajes de las escalas se optó por la prueba no paramétrica rho de Spearman. Para evaluar asociaciones entre variables con nivel de medición nominal (e.g., especie de mascota, eutanasia, tenencia o no de hijos) se utilizó la prueba Chi Cuadrado de Pearson.
Para todas las pruebas se estableció un nivel de significación alpha de .05. Dado la gran cantidad de análisis, cuando la prueba reportada no arrojó significación se omitió detallar los estadísticos.
Participantes
Para esta investigación, se buscó una muestra incidental de personas mayores a 21 años residentes en Argentina, que hubieran experimentado la muerte de un perro o gato conviviente en los últimos 12 meses, sobre el que se consideraban total o parcialmente responsables sobre el cuidado del animal. En caso de haber perdido a más de un animal, cada participante debía contestar pensando en un único animal, aunque se le permitió a más de un tutor contestar por el mismo animal cuando la tenencia era compartida.
Se recolectaron 319 encuestas, de las cuales 31 fueron excluidas: 24 por sobrepasar el año de la pérdida del animal y 7 por declararse en nada responsables por el cuidado del animal ante la pregunta. De todas formas, consideramos sus comentarios cualitativamente.
La muestra quedó así conformada por 288 participantes de entre 21 y 76 años (M = 39.45, DT = 11.7) y se describe en Tabla 1.
Tabla 1
Caracterización de la muestra (n = 288)
|
Variable |
% |
|
|
Sexo |
Hombre Mujer |
7 93 |
|
Situación sentimental |
Soltero En pareja / casados |
32.3 67.7 |
|
Situación parental |
Sin hijos Con hijos |
74 25.4 |
|
Situación habitacional |
Hogar unipersonal Convivía con otros humanos |
15.6 84.4 |
|
Especie del animal fallecido |
Perro Gato |
79.5 20.5 |
Resultados
Características generales
El 21.87% de los participantes habían perdido a su único animal de compañía. Entre quienes habían perdido a un perro (n = 229), el 23.58% (n = 54) indicó que este era el único animal en la casa en ese momento. El 66.8 % (n = 153) refirió que además tenía otros perros.
Entre quienes habían perdido a un gato (n = 59), el 15.25% (n = 9) refirió que este era el único animal en la casa en el momento. El 84.75% (n = 40) consignó que además tenía otros gatos.
La edad del animal al fallecer oscilaba entre 0 y 22 años (M = 10.99, DT = 4.06), siendo levemente mayor al tiempo de convivencia con ese animal (M = 9.52, DT = 4.40).
Las circunstancias en torno a la muerte del animal figuran en Tabla 2. En el 42.7% de los casos la muerte había sido inesperada o poco probable y en el 48.6% esperable o algo probable. En el 47.8% de los casos se practicó eutanasia, y en estos casos la edad promedio del animal fue significativamente mayor al resto (z = -4.41, p < .001).
Tabla 2
Circunstancias en torno a la muerte del animal (n = 288)
|
Variable |
% |
|
|
Motivo |
Complicaciones relativas a la vejez Enfermedad crónica Enfermedad repentina Accidente Otro |
28.1 16.3 38.9 5.9 10.8 |
|
Eutanasia |
Si No |
47.8 52.2 |
|
Adopción de otro animal |
Sí, anticipándome Sí, posteriormente No |
1.7 30.7 67.7 |
No se hallaron diferencias entre quienes perdieron un perro o un gato en ninguna de las variables sociodemográficas.
Disponibilidad y utilidad de recursos de afrontamiento
Los porcentajes en que los tutores consideraron los recursos como disponibles y/o útiles se detallan en la Tabla 3.
Las opciones consideradas en mayor medida menos disponibles, pero de mucha ayuda fueron: (1) grupos de duelo (32%), (2) guías de orientación (27.4%), y (3) consejería espiritual (26%). Las opciones consideradas en mayor medida como disponibles, pero de poca ayuda fueron: (1) posteos en redes sociales (31.6%), (2) veterinarios (31.6%) y (3) elementos creados o comprados para recordar (30.2%),
Tabla 3
Recursos de afrontamiento según disponibilidad y utilidad
|
Recursos |
Disponible y útil (%) |
Disponible (%) |
Útil (%) |
|
Familiares y amigos |
76.9 |
92 |
80.6 |
|
Rituales funerarios (ej, esparcir cenizas, dar entierro, sembrar o plantar, crear altar, etc) |
47.9 |
57.6 |
61.8 |
|
Elementos creados o comprados para recordar (ej, fotos, retratos, adornos) |
46.9 |
76.7 |
52.4 |
|
Posteos en redes sociales |
44.8 |
76 |
48.6 |
|
Veterinarios |
43.7 |
75 |
48.6 |
|
Acompañamiento psicológico |
41.6 |
53.5 |
66.3 |
|
Rituales conmemorativos (ej, visitar tumba, lugar de esparcimiento de cenizas, rezar, colocar flores, etc.) |
39.5 |
53.8 |
54.5 |
|
Información online (ej, sitios web, redes sociales, videos) |
39.2 |
66 |
49.7 |
|
Servicios funerarios y conmemorativos (ej, cremación, cementerio, etc.) |
29.7 |
46.9 |
42 |
|
Donaciones (ej, pertenencias del animal, dinero, etc.) |
25.9 |
47.6 |
35.8 |
|
Consejería espiritual |
18.9 |
34.4 |
44.8 |
|
Guías de orientación y autoayuda (ej, folletos, fichas, libros) |
17.5 |
39.2 |
44.8 |
|
Educadores caninos/felinos |
15 |
34.4 |
35.4 |
|
Grupos de duelo de mascotas |
11.9 |
26.4 |
44.1 |
|
Clonación |
1.4 |
10.4 |
8 |
La cantidad de recursos útiles y disponibles correlacionó negativamente con la cantidad de personas convivientes (rs = -.21, p < .001). Los participantes solteros identificaban mayor cantidad de recursos útiles que aquellos que se encontraban en pareja (z = -3.39, p = .001), sin diferir en recursos disponibles (p = .87).
Intensidad del duelo
El puntaje de PBQ correlacionó negativamente con la edad del tutor (rs = -.27, p < .001). Además, el puntaje de PBQ correlacionó negativamente con la edad del animal al fallecer (rs = -.24, p < .001) y el grado de predictibilidad sobre la muerte del animal (rs = -.28, p < .001). Quienes habían practicado eutanasia tenían menores puntajes de PBQ, siendo esta diferencia marginalmente significativa (z = -1.75, p = .07).
Cuando se comparó el puntaje de PBQ en función de los motivos por los que falleció el animal, el estadístico arrojó un efecto global significativo (H[4]: 19.6, p = .001). Este efecto se expresó tanto en la dimensión de Ira (H[4]: 17.77, p = .001), como de Culpa (H[4]: 19.15, p = .001), sin ser significativo en la dimensión relativa al dolor. Comparaciones posteriores en torno al PBQ Total entre los distintos grupos indicaron que aquellos que perdieron a su animal en un accidente presentaron valores significativamente mayores a cada uno del resto de las condiciones (ps < .05), mientras que aquellos que los perdieron por enfermedades repentinas, enfermedades crónicas, complicaciones relativas a la vejez u otras causas, no difirieron entre sí.
Impacto de la concepción humano-animal
AHCS no mostró asociación con las variables demográficas escalares, ni mostró diferencias de grupos, excepto que los tutores con hijos mostraron menores puntajes (z = -3.18, p < .001), con independencia de la cantidad de hijos y edad del hijo mayor.
Además, AHCS correlacionó con el puntaje total de PBQ (rs = .20, p < .01), aunque considerando las subescalas, sólo se asoció con el puntaje de la dimensión de Dolor (rs = .25, p < .001).
Respecto de los recursos, AHCS no se asoció con la cantidad de recursos disponibles, pero sí lo hizo con la cantidad de recursos considerados útiles (rs = .27, p < .001).
Discusión
El duelo por la muerte de animal de compañía es posiblemente el aspecto emocionalmente más costoso de la vinculación con animales. Los custodios frecuentemente lo anticipan como un evento que será traumático, y la intensidad del dolor asociado con la pérdida —al menos en ocasiones— puede ser equiparable al de la muerte de un humano, aunque con menor reconocimiento social, lo que dificulta la elaboración del duelo (Ringach et al., 2023).
En este estudio los grupos de tutores que habían perdido perros y gatos no se diferenciaban en características sociodemográficas, tampoco en la concepción de continuidad humano-animal, ni en los puntajes de duelo, coincidiendo con otros trabajos (Eckard et al., 2016; McCutcheon & Flemming, 2002). Esta falta de diferencias sugiere que el duelo por la muerte de perros y gatos mayormente puede conceptualizarse y abordarse de manera conjunta.
La mayor edad de los tutores se ligó con menores puntajes de duelo. Una posibilidad es que la edad esté aportando una perspectiva con más aceptación de las pérdidas como inevitables (Hunt & Padilla 2006).
La edad del animal también se asoció con menores puntajes de duelo, coincidiendo con la literatura previa (Testoni et al., 2019), y se ligó con mayor predictibilidad de la muerte, la cual consistentemente ha sido asociada con menores respuestas de duelo (Chur-Hansen, 2010; Uccheddu et al., 2019; Williams & Green, 2016).
Las pérdidas repentinas e inesperadas pueden conllevar mayores posibilidades y riesgos de producir efectos negativos en la salud física y mental de las personas en duelo. Esto contrasta con las pérdidas anticipadas o previsibles, que suelen comenzar con el diagnóstico de una enfermedad terminal e irreversible otorgando un tiempo para prepararse para la pérdida y dando lugar a un duelo anticipado (Barnard-Nguyen et al., 2016; Tzivian et al., 2014; Williams y Green, 2016). Contar con información pronóstica sólida y expectativas realistas ante la enfermedad de los animales, ayudará en la elaboración del duelo al momento de la pérdida.
Esta posibilidad de predicción de la muerte no sucede en casos de accidentes. Al evaluar las causas de muerte, las accidentales fueron las únicas que se ligaron a mayor sintomatología de duelo. Si bien en algunos estudios el tipo de muerte no afectó la respuesta de duelo (Cowling et al., 2020; Eckerd, 2016), suele reconocerse que, dentro de las muertes inesperadas, aquellas de naturaleza traumática o trágica son causantes de una mayor intensidad de sufrimiento. Las personas cuyo animal murió debido a un accidente (e.g., al ser impactado por un vehículo) tienden a experimentar un dolor más prolongado, sentimientos de culpa y, en aquellos casos en los que el evento fue presenciado, pueden provocar síntomas de estrés postraumático (Chur-Hansen, 2010), resultando especialmente dolorosas las muertes debidas a negligencia de un miembro de la familia, o aquellas causadas por daño deliberado (e.g., envenenamiento intencional; Walsh, 2009).
En este trabajo la eutanasia se ligó con menor intensidad de duelo. Muchos tutores encuentran consuelo en el hecho de haber tomado la decisión de aliviar el sufrimiento de su animal y en tener tiempo para prepararse emocionalmente y planificar un tiempo compartido de despedida (Tzivian et al., 2014). Sin embargo, algunos tutores refieren sentimientos de culpa y remordimiento por haber decidido terminar la vida del animal (McNicholas & Collis, 1995). Es posible que las causas que llevan a la decisión, así como el apoyo veterinario sólido estén marcando la diferencia.
Trabajos previos indicaron que los tutores en luto que tienen más de un animal a menudo encuentran consuelo en el cuidado de sus otros animales (Packman et al., 2014; Tzivian et al., 2014; Wong et al., 2017). Sin embargo, en el presente estudio, que el animal fallecido fuera el único en el hogar o bien la cantidad de animales, no mostraron resultados significativos respecto de la intensidad del duelo. Esto resulta curioso, en tanto la pérdida del único animal en el hogar representa también la pérdida de rol de tutor. Sin embargo, refleja la noción de que el vínculo humano-animal es un evento diádico, singular e irrepetible, que sucede en el encuentro de la subjetividad de ambos participantes (Díaz Videla, 2022), por lo que su pérdida resulta significativa con independencia de la presencia de otros vínculos humano-animal.
Previamente, se ha reportado cierta evidencia de que los tutores que viven solos o en hogares unipersonales tienen mayor tendencia a experimentar síntomas severos de duelo en comparación con aquellos que viven en hogares multipersonales (Davis et al., 2003; McCutcheon & Fleming, 2002). Esto podría deberse al menor apoyo social en las personas que viven solas, en tanto los otros convivientes serían más propensos a comprender y reconocer esta pérdida. Sin embargo, en nuestro estudio no se encontraron diferencias en intensidad de duelo de acuerdo con el estado civil, ni el grupo de convivencia, por lo que es posible que estos tutores encontraran fuentes de apoyo alternativas. Tampoco resultó significativa la discriminación de acuerdo con la decisión de adopción del animal o no, ni el grado de responsabilidad sobre el cuidado del animal. Así, es conveniente considerar la proximidad emocional o el apego hacia el animal como variables con valor predictivo sobre intensidad de duelo, antes que la decisión de adoptar y la responsabilidad sobre el animal.
La cantidad de recursos útiles y disponibles para afrontar el duelo no se asoció con la intensidad de la sintomatología de duelo. Esto puede deberse simplemente a que en nuestro trabajo nos remitimos a explorar las alternativas, sin evaluar el grado de utilidad o el impacto diferencial que cada recurso había tenido en cada tutor.
A su vez, la cantidad de recursos útiles y disponibles correlacionó negativamente con la cantidad de personas en el hogar. Esto puede deberse a que algunas estrategias de afrontamiento requieren de decisiones consensuadas entre los distintos tutores o miembros de la familia (e.g., rituales, donaciones, clonación). Tutores solteros o en pareja identificaban la misma cantidad de recursos disponibles, pero el primer grupo consideraba más útiles esos recursos. En comentarios adicionales, muchos tutores resaltaron la importancia del apoyo derivado de sus parejas, por lo que es posible que este apoyo canalizara buena parte de las necesidades efectivamente.
El recurso de afrontamiento más importante destacado fue el apoyo derivado de familiares y amigos, al igual que en el estudio de Brown et al. (2023). Este apoyo previene el aislamiento y ayuda a mitigar la sintomatología depresiva y ansiosa, previniendo el desarrollo de una respuesta de duelo complicada (Reisbig et al., 2017), asociándose con una mejor evolución (Park et al., 2021) y promoviendo oportunidades de crecimiento postraumático (Spain et al., 2019) luego de la muerde del animal de compañía.
En el estudio de Brown et al. (2023) la siguiente opción más importante fue el apoyo derivado de los médicos veterinarios. En nuestro estudio, se destacó la alta disponibilidad de este recurso (75%), pero sin embargo, su utilidad fue muy inferior (48.6%), quedando en séptimo lugar, incluso por debajo de la información online (49.7%) y el acompañamiento psicológico (66.3%). Ahora bien, el valor de la información pronóstica y la orientación médica en toma de decisiones por parte de los veterinarios es irremplazable y ejerce una influencia sustancial sobre la experiencia de los tutores. Esto puede llamar la atención de los especialistas y orientar hacia la generación de habilidades de acompañamiento y apoyo emocional.
En nuestro estudio, la opción considerada menos disponible pero que se cree que sería de mucha ayuda fueron los grupos de acompañamiento del duelo. Sin embargo, esto puede deberse simplemente a la falta de experiencias o conocimiento sobre el tema. El estudio de Brown et al. (2023) mostró que más de la mitad de los participantes que habían asistido a un grupo de apoyo no lo encontraron útil. Si bien la estrategia puede reducir los efectos negativos del duelo privado de derechos, el impacto de los grupos de apoyo aún no ha sido suficientemente investigado y no es una intervención comúnmente utilizada por los tutores. Se ha propuesto que algunas personas consideran que la pertenencia a grupos de apoyo puede reforzar una identificación estigmatizante. También es posible que aquellos con mayores recursos como acceso a apoyos de familiares y amigos positivos e involucrados, estén menos inclinados a encontrar útiles los grupos de apoyo (Markowitz, 2015).
Otros mecanismos de afrontamiento mencionados en la literatura son los rituales de luto y conmemoración, la religión y espiritualidad, y conectarse con otros animales (Park et al., 2021). Los rituales funerarios fueron la segunda opción elegida en nuestro estudio como útil y disponible (47.9%), muy por encima de los servicios funerarios como cementerios (29.7%).
En este sentido, muchos tutores encuentran formas de ritualizar como dando entierro a su animal en su jardín, o en otro lugar significativo, o bajo un arbusto conmemorativo. En menor medida, eligen el procedimiento de cremación, esparciendo sus cenizas en un lugar donde hayan compartido experiencias o conservándolas en el hogar (Davis et al., 2003). Los rituales de luto y las actividades de conmemoración, pueden ser recursos importantes para compartir la experiencia de duelo, mantener la conexión emocional con el animal fallecido y proporcionar una forma de reconectar con los recuerdos mientras el doliente procesa su pérdida y se adapta a la nueva realidad (Rémillard et al., 2017 Spain et al., 2019).
Además, para conmemorar a su animal, los tutores en duelo recurren a diversas actividades y objetos. Con mayor frecuencia, utilizan objetos tangibles comprados o creados, como retratos pintados, huellas de las patas, placas conmemorativas o fotografías favoritas colocadas en un espacio especial del hogar (Brown et al., 2023). Esta clase de elementos para recordar (e.g., fotos, adornos) fueron la tercera opción considera como más útil y disponible para los tutores en luto en nuestro estudio (46.9 %).
Existen mecanismos cognitivos y creencias centrales de cada tutor que influyen en la experiencia de pérdida, como la tendencia a pensar a los animales con características humanas (i.e., antropomorfismo; Beheler et al., 2020) o la percepción de continuidad entre humanos y animales (Uccheddu et al., 2019), ambas ligadas con mayor sintomatología de duelo. Esto coincidió con nuestro estudio. A su vez, estos tutores no diferían en términos de recursos de afrontamiento que tenían disponibles, pero tendían a considerar más recursos útiles. Es posible que esto responda a que, gran parte de estos recursos, se han empleado tradicionalmente para afrontar duelos humanos y sean una extensión a duelos por animales.
Las creencias religiosas y espirituales brindan sentido y ayudan sobrellevar mejor la pérdida, al encontrar alivio al saber que su animal ahora está sin dolor y en un mejor lugar (Davis et al., 2003; Lee, 2016), o al creer que se volverán a conectar con su animal en la otra vida (Wong et al., 2017). La consejería espiritual también fue destacada en nuestro trabajo como un recurso poco disponible pero que sería útil. Si bien nuestra tradición religiosa occidental, judeo-cristiana no ha tenido una concepción benevolente respecto de los animales y su trascendencia luego de la muerte (Serpell, 1996), la espiritualidad como un proceso personal de búsqueda de conexión y comprensión de la propia existencia (Lee & Surething, 2013), puede incluir fácilmente a los animales, promoviendo una visión de trascendencia de la vida que no excluye otras especies.
Esta concepción de continuidad humano-animal no mostró asociación con las características demográficas de los tutores, excepto que los tutores con hijos tendían a menores puntajes, con independencia de la cantidad de hijos y edad del hijo mayor. Este dato se alinea con resultados similares en dilemas que conllevan la elección de humanos o animales de compañía, apoyando la noción de que la parentalidad da lugar a la adjudicación de un valor diferencial de la vida humana que favorece una delimitación más rígida del intragrupo y especismo (Diaz Videla, 2022).
En nuestra investigación, la cantidad de meses desde el fallecimiento del animal (1-11) no mostró asociación con los puntajes de duelo. Si no surgen complicaciones, se espera que las manifestaciones de duelo tiendan a disminuir a medida que aumenta el tiempo transcurrido desde la muerte del ser querido (Likyns, 2023). Sin embargo, es posible que el período de tiempo considerado en nuestro estudio no haya sido suficiente, y que el duelo por muerte de animal de compañía requiera más de 11 meses de elaboración hasta la disminución sintomática.
Esta fue una de las limitaciones del presente trabajo, basada en la decisión de capturar tutores en las primeras etapas de duelo. Así, excluimos 7.52% de respuestas debido a la antigüedad. Inicialmente, nuestro protocolo permitía respuestas de hasta 12 meses desde la pérdida del animal. Sin embargo, notamos que la proporción de participantes que indicaban 12 meses eran muy superior a otras cantidades, por lo que entendimos que algunas personas estaban falseando la respuesta con la intención de participar. Optamos entonces por habilitar respuestas mayores para evitar este fenómeno, aunque mantuvimos el criterio de inclusión y el análisis del tiempo transcurrido solo consideró hasta los 11 meses. Esto destaca el deseo de participar en tutores que habían superado el año luego de la pérdida y apoya la noción de que la elaboración de este duelo requiere más de un año.
Otra limitación destacada se debe al sesgo femenino muestral, que representó el 93%, limitando las comparaciones de género en los resultados. Esto es habitual en los estudios sobre interacciones humano-animal (ver Herzog, 2007 para una discusión) y posiblemente refleje una menor predisposición masculina hacia la participación en investigaciones con implicación emocional, así como también características diferenciales en la vinculación con animales.
Finalmente, sería valioso en estudios ulteriores puedan analizar la validez interna y externa del instrumento en nuestro medio específicamente, pudiendo complejizar los diseños para exceder la naturaleza descriptiva del presente trabajo.
Futuros trabajos podrán elaborar una estrategia de muestreo que evite este sesgo e incorporar un plazo mayor desde la pérdida de los animales para analizar la disminución sintomática en el tiempo. Adicionalmente, se puede evaluar el impacto diferencial de cada recurso afrontamiento disponible.
Conclusiones
La convivencia con animales de compañía ha aumentado en las últimas décadas volviendo así más recurrentes los desafíos ligados al duelo por la muerte de estos animales. Comprender los factores que contribuyen a la severidad del duelo y los recursos de afrontamiento más efectivos, puedo ayudar a mejorar las estrategias de apoyo.
En nuestro estudio, la falta de predictibilidad sobre la muerte y, fundamentalmente, las muertes accidentales fueron las variables más notables asociadas con síntomas intensos de duelo. Respecto del afrontamiento los recursos más destacados fueron el apoyo de familiares y amigos, la realización de rituales funerarios de formas personales y significativas, y el empleo de elementos como retratos o adornos para recordar. Llamativamente el apoyo de médicos veterinarios quedó relegado, a diferencia de otros estudios. Esto destaca la importancia del desarrollo de habilidades de acompañamiento y apoyo emocional de los profesionales veterinarios en nuestro país. Finalmente, los tutores destacaron que contar con una mayor disponibilidad de orientación espiritual podría serles de utilidad, así como también los grupos de apoyo de duelo, aunque la efectividad de estos últimos resta ser investigada.
Hasta conocimiento de los autores, este es el primer trabajo realizado en Argentina sobre el impacto psicológico de esta experiencia de pérdida, tan frecuente en nuestra población. Esperamos pueda convocar la atención de profesionales locales sobre la temática, contribuyendo a su vez al estudio global del duelo por muerte animales de compañía.
Agradecimientos
Agradezco profundamente a la Lic. Paula Ringach por sus ideas y aportes para elaborar este trabajo. Agradezco también a todos los participantes que compartieron sus pérdidas conmigo y a todos los animales me tocó despedir, por darme la inspiración para elaborar sobre el tema.
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Anexo
Pet Bereavement Questionnaire (PBQ)
El siguiente cuestionario explora cómo se ha sentido y se siente tras la muerte de su perro/gato. A continuación, se presentarán 16 enunciados diferentes. Por favor, lea con atención cada una de estas afirmaciones e indique su grado de acuerdo / desacuerdo con las mismas.
1) Me siento enojado con el veterinario u otra persona por no haber sido capaz de salvar a mi perro/gato.
2) Estoy muy angustiado por la muerte de mi perro/gato.
3) Mi vida está vacía sin mi perro/gato.
4) He tenido pesadillas sobre la muerte de mi perro/gato.
5) Me siento solo sin mi perro/gato.
6) Debería haber sabido que algo malo podía ocurrirle a mi perro/gato.
7) Extraño muchísimo a mi perro/gato.
8) Me siento muy culpable por no haber cuidado mejor a mi perro/gato.
9) Me siento mal por no haber hecho más para salvar a mi perro/gato.
10) Lloro cuando pienso en mi perro/gato.
11) Estoy enojado con otras personas por contribuir en la muerte de mi perro/gato.
12) Estoy muy triste por la muerte de mi perro/gato.
13) Estoy enojado con mis amigos/familia por no haber ayudado más.
14) Los recuerdos de los últimos momentos de mi perro/gato me asechan.
15) Nunca superaré la pérdida de mi perro/gato.
16) Ojalá le hubiera mostrado más amor a mi perro/gato.
Animal-human Continuity Scale (AHCS)
A continuación, se presentan 13 frases diferentes. Le solicitamos que para cada afirmación califique cuán de acuerdo / en desacuerdo está.
1) Los humanos tienen alma, pero los animales no.
2) Los humanos pueden pensar, pero los animales no.
3) Las personas tienen vida después de la muerte, pero los animales no.
4) Las personas son animales.
5) Los animales tienen miedo a la muerte.
6) Las personas evolucionaron a partir de animales inferiores.
7) Las personas son superiores a los animales.
8) Los animales pueden enamorarse.
9) Las personas tienen una naturaleza espiritual pero los animales no.
10) Las necesidades de las personas siempre deben anteponerse a las necesidades de los animales.
11) Está bien usar animales para que desempeñen tareas para los humanos.
12) Es una locura pensar en un animal como miembro de tu familia.
*Los ítems 1, 2, 3, 7, 9, 11 y 12 son de puntaje inverso. Los reactivos 4, 5 y 6 fueron eliminados para nuestro análisis a fin de incrementar la confiabilidad del instrumento.
[1] La escala PBQ (Hunt y Padilla, 2006) ha aportado evidencias de su validez interna y externa, específicamente de su validez convergente. En el caso del AHCS (Templer et al., 2006), el trabajo original ha evaluado y evidenciado su validez de contenido, su validez interna y su validez convergente. El inventario utilizado para medir la disponibilidad y utilidad de personas y actividades en torno a la muerte del animal de compañía fue una traducción del originalmente propuesto por Brown et al. (2023). A diferencia de los anteriores instrumentos, este inventario no tiene como objetivo operacionalizar un constructo o dimensión psicológica, por lo que no resulta necesario la validación de sus puntuaciones.
Se solicitó permisos a los autores de ambas escalas (PBQ y AHCS), si bien ambas contaron con la publicación de sus reactivos desde donde fueron reconstruidas. Melissa Hunt otorgó permiso para el empleo de PBQ. Respecto de AHCS, no nos fue posible contactar a sus autores.
[2] Desde al menos un par de décadas, la literatura específica sobre vínculos humano-animal (e.g., Carlisle-Frank & Frank, 2006), así como organismos ligados al bienestar animal (e.g., American Society for the Prevention of Cruelty to Animals [ASPCA], 2024) han propuesto reemplazar los términos "mascota" y "dueño" (i.e., pet y owner) por otros que puedan reflejar la naturaleza emocional de la relación, como son los términos “animal de compañía” y “tutor” (i.e., companion animal y guardian). Para una discusión de los términos en español, ver Díaz Videla (2017, 2021).
Respecto de los instrumentos del área específicamente, algunos autores (e.g., Samet et al., 2023) han destacado la necesidad de seguir probando la validez y fiabilidad de las herramientas originales a lo largo del tiempo, a medida que las culturas y la terminología evolucionan dentro de la misma población. Así, algunas adaptaciones (e.g., Blanchard et al., 2024; Ramírez González et al., 2014) optaron en sus traducciones por intercambiar el término “pet” directamente por el de las especies animales en cuestión (i.e., perros y gatos).